Homilías

En Cristo todas las promesas han pasado a ser realidad

Escrito por  Mons. Carlos Aguiar Retes

Homilía VII Domingo Ordinario.


Esta afirmación que nos comparte el Apóstol San Pablo en la segunda lectura, no solamente es una afirmación relacionada con la persona física de Jesús de Nazaret, es decir Jesucristo al hacerse hombre nos mostro como haciendo la  voluntad de Dios en su vida, recibió la fuerza del espíritu santo y cumplió en su persona todas las promesas que se habían hecho por medio de los profetas en el antiguo testamento y las hizo realidad.


Hoy en el evangelio, por ejemplo, vemos una de esas escenas en donde se cumplen dos promesas. Desatar a los que están enfermos, hacer que los que no caminan caminen, un paralitico que es llevado en su camilla y que con el encuentro con Cristo, ahora el lleva la camilla, pero también una promesa de Dios cumplida en Cristo, la rehabilitación del ser humano por medio del perdón de los pecados; y así podemos examinar toda la vida de Cristo y como hizo que los ciegos vieran, los mudos hablaran, los sordos oyeran y los que estaban distantes de Dios se acercaran y lo conocieran y todos como nos dice San Pablo en el final de esta misma lectura hemos recibido ese mismo espíritu que condujo a Jesucristo y ha sido derramado en cada  uno de nuestros corazones. Con eso ya sería válida la afirmación que hace San Pablo de que en Jesucristo se han cumplido las promesas se han hecho realidad, pero San Pablo mira más adelante y con San Pablo toda la Iglesia; las promesas de Dios siempre se cumplen. Ustedes pueden entonces interrogase, pero si las promesas de Dios siempre se cumplen, ¿Por qué vemos que se extiende tanto el mal? ¿Por qué vemos que tantas personas agreden violentamente y a veces, frecuentemente de manera mortal, a las personas sin respetar su dignidad? La promesa  de la paz ¿Dónde ha quedado? La promesa de la fraternidad ¿Dónde ha quedado? La promesa de la gran familia de Dios ¿Dónde se manifiesta?  Estas preguntas  son legitimas porque nos muestran que son surgidas de nuestra observación de los hechos, de lo que pasa, de lo que acontece, sin embargo, quiero explicarles a la luz de esta palabra de Dios, porque se retarda el cumplimiento de las promesas de Dios en esta etapa posterior a la venida de Cristo y donde se dificulta, donde se atora, el dinamismo de este sí definitivo de Cristo.


Vayamos a la primera lectura, allí está bastante clar  la clave de interpretación, el Profeta Isaías dice: no recuerden lo pasado ni piensen en lo antiguo yo voy a realizar algo nuevo ya esta brotando  no lo notan, el dinamismo del espíritu entra en acción es lo que dice el profeta Isaías, pero más adelante dice: voy a abrir caminos en el desierto y haré que corran los ríos en la tierra árida, son figuras que nos hablan de la transformación, de lo que es desierto en lugar habitable, de lo que es árido e invivible se convierte en lugar fértil por medio de ríos del agua que da vida. Entonces el pueblo que me he formado proclamará mis alabanzas. Hasta  aquí el profeta muestra su convicción  de que Dios actúa e interviene de que Dios por medio de su espíritu transforma  las realidades por más adversas que estas sean, pero si continuamos leyendo dice: pero tú Jacob, no me has invocado, no te has esforzado por servirme, sino que pusiste sobre mí la carga de tus pecados y me cansaste con tus iniquidades.


Para que el espíritu de Dios intervenga y se realice en uno de nosotros las promesas de Dios, es  indispensable nuestra colaboración. Dios, ciertamente, por el amor que nos tiene, perdona nuestros pecados, así sean los más graves que hayamos cometido, pero no nos los perdona para que volvamos a recaer en los mismos pecados y volvamos a pedir perdón, eso  no es lo que espera Dios de nosotros, sino para que una vez perdonados hagamos como este paralitico, caminemos. Dios está pendiente de nuestra respuesta para entrar en interacción con nosotros y trasformar nuestra realidad personal, comunitaria, familiar y social, pero con nosotros, Dios no quiere que simplemente no la pasemos en la vida repitiendo nuestros pecados y viniendo a confesarlos para que se nos perdonen una y otra vez, no es ese el dinamismo cristiano, el dinamismo cristiano es el del crecimiento del espíritu. Si somos perdonados de nuestros pecados es para que crezca en nosotros la relación entre nuestro espíritu con el Espíritu de Dios, esa es la clave, eso es lo que nos está faltando, tenemos sí, todavía una inmensa mayoría de católicos  en el país, ochenta y cuatro por ciento de toda la población, pero cuantos se han quedado en esa primera etapa de solamente estar pensando en el perdón de sus pecados y cuan pocos son los que se abren a un proceso de formación  de discipulado, para entender, que es lo que Dios quiere de mi, para descubrir su voluntad en mí y para empezar a experimentar la transformación el crecimiento, el desarrollo de mi persona, eso es lo que el señor quiere y necesita para actuar en el mundo de hoy, un camino  de formación espiritual,  de conocimiento de cómo el Espíritu de Dios puede transformar mi persona y transformar  mi realidad.


Ustedes, seguramente más de una vez, han constatado que una maceta donde hay un planta si no se le riega la planta se seca y la maceta no sirve para adorno, pero cuando se atiende la planta la planta crece florece y muestra un belleza natural a quienes la contemplan; esos son los discípulos de Cristo que se alimentan con la palabra de Dios, se nutren con los sacramentos  y se relacionan con sus hermanos para buscar que es lo que Dios quiere de nosotros y ponerlo en la práctica, a esto nos invita hoy la pablara de Dios preparándonos así para entrar en la cuaresma, tiempo propicio para la conversión para entrar en un proceso de formación espiritual, el próximo miércoles 22 de febrero es miércoles de ceniza, no vengan solamente a que se les cubra con la ceniza en su frente o su cabeza, los invito a que vengan con un corazón abierto a decirle a Dios quiero  ser una autentico discípulo tuyo en donde mi espíritu entre en comunión con tu espíritu y que yo pueda servirte, quiero ser discípulo de Cristo para vivir la transformación que tu quieres hacer de nosotros de tu Iglesia y del mundo donde vive tu Iglesia, que esta cuaresma, en la que vamos a tener el magnífico regalo de la visita del Santo Padre de Benedicto XVI, que sin duda moverá el corazón de muchos cristianos y aún de hombres de buena voluntad que no comparten nuestra fe, con su palabra llena de esperanza y de consuelo, con su palabra que ilumine nuestros caminos de vida y nuestros graves problemas de nuestra situación nacional.


Que el Señor abra en cada uno de nosotros este espacio de formación, esta catedral, el equipo que conduce la pastoral, tiene esos espacios para irnos iniciando en el conocimiento más profundo de la palabra de Dios y de la relación con el señor Jesús, aprovechémoslo y hagamos de esta cuaresma, una  cuaresma que nos transforme y nos haga auténticos discípulos de Jesucristo.


Que así sea.


+ Carlos Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla

 

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