“Todo lo hago por el Evangelio”

Escrito por  Mons. Carlos Aguiar Retes

Homilía V Domingo Ordinario


Así concluye la segunda lectura al narrarnos San Pablo su experiencia y al decirnos que está dispuesto a poner todo al servicio de la Buena Nueva, del anuncio de Jesucristo, todo lo hago por el Evangelio, incluso renunciando al mismo derecho de que en ese servicio pueda el recibir los beneficios que se acostumbran, cuando alguien sirve, se le concede gratis un beneficio para vivir, su propia manera de sostenerse.

Pablo nos muestra una cara de un hombre alegre generoso al máximo, feliz, satisfecho de lo que hace, en cambio, la primera lectura nos refleja un rostro distinto, al menos en el momento de vida en el que se encuentra Job, que ha sido terriblemente atacado desde los diferentes aspectos de la vida humana, con terribles tragedias en lo económico, en lo familiar, en la muerte de sus hijos y después el mismo con una enfermedad incurable y en ese momento de dolor Job dice que esta como el esclavo que suspira en vano, por la sombra, o el trabajador que se queda aguardando su salario y nunca llega, o como el que dice pienso al acostarme cuando será de día, la noche se alarga y me canso de dar vueltas, hasta que finalmente amanece.

La experiencia del hombre que está sometido a la prueba del dolor físico y moral, del abandono de las cosas más necesarias para una subsistencia digna y que por ello entra incluso en la crisis más profunda de fe, al considerar que Dios los ha abandonado, son las dos propuestas que nos presenta hoy la palabra de Dios, a un hombre realizado y feliz, entregado y generoso: Pablo; la de un hombre sometido al dolor y que se  siente en la más profunda crisis de fe: Job. En el evangelio encontramos a Jesucristo, quien es la clave para entender lo que está pasando en Pablo y Job, y lo que seguramente también pasa en cada uno de nosotros.

Dice el texto que Jesús al salir de la sinagoga, fue con Santiago y Juan, a casa de Simón y de Andrés, al llegar le informan que la suegra de Pedro estaba en cama con fiebre, Jesús  inmediatamente va a donde esta tendida la suegra de Pedro, le da la mano y la levanta, le devuelve la salud. Luego dice el texto, ella inmediatamente se puso a servirles.

Jesús que sirve y da la salud y a quien se la da, a su vez sirve a los demás. El servicio como una característica clave que plantea Jesús en su ministerio, no sólo en este texto sino a largo del evangelio, estar al servicio de los hermanos. Para poder adentrarnos en esta actitud clave y para poder entender su testimonio como a Job,  entenderlo y entendernos cuando estamos sumidos en la prueba de dolor, es necesario clarificar de qué tipo de actitud y con qué criterio se mueve, el servicio. Servir por si mismo, pudiera ser considerado, y así lo ha sido en algunas culturas de la humanidad, cosa de esclavos. Los sirvientes, de ahí viene la palabra, los que sirven, entonces podemos mal entender que a eso se podría referir Jesús; sin embargo, a lo largo del evangelio podemos clarificar que el servicio que da Jesús, es un servicio con un criterio clave, el reconocimiento de la dignidad del ser humano y que todo lo que ayude a  dignificar  a la persona, es el servicio al que nos tenemos que dedicar, al que tenemos que responder, todo los que se una ayuda al ser humano concreto, esa es la manera de servir que pide Jesucristo, por tanto es  también servicio  velar por la concordia para evitar la agresión, también es un servicio vigilar por la equidad para que se distribuyan los bienes de manera conveniente, por tanto es un servicio cuidar por la vida de todos, especialmente de los más indefensos, o de los que están en el dolor, en la enfermedad, cuidar por la vida humana en sus distintas dimensiones, es un servicio educar a la persona. Y entonces  cuando nos convertimos en los discípulos de Cristo, con esta claridad de que estamos llamados para servir, no se trata simplemente de hacer cosas sino de hacer aquellas que dignifiquen al ser humano, que reconozcan esa dignidad humana, en eso tenemos mucho que hacer en nuestra sociedad.

Pasaron aproximadamente veinte siglos para que los países, particularmente de raíces Cristianas,  llegarán a la conclusión de esta enseñanza de Jesucristo de poner al centro la dignidad de la persona humana, solo después de las atrocidades de la segunda guerra mundial, en 1945, los países se dieron cuenta de que había que declarar estos aspectos entorno a la dignidad del ser humano y en 1948 más de 130 naciones aceptaron la declaración de los Derechos Universales del ser humano, lo que se llaman hoy los Derechos Humanos Universales, es decir, los derechos humanos que competen a todo ser humano que son los primeros y los más importantes 1948, veinte siglos para que como pueblos pudiéramos reconocer esa dignidad del ser humano. Y finalmente nuestra patria sólo hasta el año 2010 nuestro Congreso, nuestras Cámaras de Diputados y Senadores, reconocieron los derecho humanos de 1948 y todavía están en proceso algunos reconocimientos particulares de algunos de esos derechos humanos, que están desde 1948 reconocidos para todos, como es el derecho a la vida, para delimitar claramente desde donde comienza, sí desde el ser que está  en el seno de su madre o hasta el final de la vida, hasta la muerte y también el derecho a la libertad religiosa.

¿Por qué les digo todo esto? Porque solamente así vamos a entender nuestro papel y nuestro servicio, el criterio de servir al ser humano, cuando esto apenas es un reconocimiento jurídico, falta todavía la cultura de ese criterio, es decir, el ejercicio diario, las relaciones humanas de todos los días y en todos los ámbitos de nuestra sociedad, esa es la tarea que nos hace falta de recorrer. Pero en ese camino, volviendo al inicio de nuestra reflexión, el enfermo, el que pasa por una crisis de prueba muy grande, puede descubrir su dignidad aún enmedio del abatimiento más duro de su propia persona, allí está la dignidad, allí está la vida que lucha ante todo tipo de mal, incluido el de la misma salud cuando se perjudica con la enfermedad, pero si los demás abandonamos a quien paso una prueba, lo dejamos en la más profunda soledad y en el hundimiento de su esperanza; este es el trabajo que tenemos que hacer como país, es la regeneración que tenemos que ir creando poco a poco en nuestros ámbitos de vida, lo digo yo explícitamente al final de la  Carta Pastoral que entregue a esta Arquidiócesis, en octubre pasado como generar esta cultura de la vida, es nuestra tarea.

Por eso agradezco que están aquí, como cada primer domingo de mes, a los miembros del movimiento familiar cristiano y a todos los movimientos y a todos los feligreses, que van siguiendo  este estudio esta reflexión para dinamizar y ponernos  en ese movimiento como Iglesia particular de Tlalnepantla, para que podamos rehacer nuestras relaciones  humanas entorno a este principio que plantea Jesucristo,  servir, servir al que está enfermo, servir al que está abandonado, servir al que necesita educación, servir al que necesita apoyo especifico en alguna de sus necesidades, servir para dignificar al ser humano. Los invito a todos a reflexionar sobre estas páginas del evangelio, para así llegar a esta experiencia de Pablo, todo lo hago por esta buena nueva, todo lo hago por el evangelio.


Que así sea.


+ Carlos Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla